Quería ver cómo estaba mi cerdo, porque hacía tiempo que no lo veía. Busqué por todas partes hasta que oí un ruido que venía del baño. Abrí un poco la puerta para ver qué estaba haciendo. Ese cerdo asqueroso estaba intentando divertirse sin permiso. Cogió unas braguitas mías usadas y se corrió en ellas. Empezó a untarse y a masturbarse con su propio lío. Ahí fue cuando irrumpí y le interrumpí. No tiene permiso para divertirse sin que yo se lo diga. Le agarro y le pongo el collar y las esposas, porque ahora soy yo la que quiero divertirme y él se merece un pequeño castigo.
Le bajo las braguitas y le meto en la boca esas braguitas llenas de semen cremoso. Después de eso, empiezo a follármelo con fuerza con un consolador de metal y le doy azotes con mi fusta.
Cojo un cuenco lleno de leche y una jeringuilla, porque ahora a este cerdo asqueroso le voy a hacer un enema de leche. Le lleno el culo de leche y le meto también unos cuantos malvaviscos, porque son un laxante de lo más bueno. Ahora le dejo que lo eche todo de nuevo en el cuenco. Pero este gilipollas tiene tanta presión que lo deja todo hecho un desastre en el baño. Así que le eché todo lo que había en el cuenco en la cara. Después de eso, solo se merece una cosa: una shower bien helada.
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